Dos testigos y cuatro caminos ante las decisiones del ser humano

DOS TESTIGOS Y CUATRO CAMINOS ANTE LAS DECISIONES DEL SER HUMANO

Pastor: Isaú Orellana
Iglesia de Dios E. C.
Ministerios Nueva Unción

Deuteronomio 30:19-20
“Hoy pongo al cielo y la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Ama al SEÑOR tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida, por él vivirás mucho tiempo en el territorio que juró dar a tus antepasados Abraham, Isaac y Jacob” (NVI).

Introducción:

Hace unos días recibí un correo de una señora mexicana llamada Margarita Martínez. En el correo ella pregunta ¿Qué esperanza tengo yo, mis hijos y los hijos de mis hijos, de ser bendecidos, puesto que somos muy pobres?

El concepto de esta señora es que ser bendecidos es tener riquezas materiales, tener un buen empleo, manejar un carro último modelo y tener mucho dinero en el banco. Este concepto de bendición es equivocado. Claro que si contamos con todo eso es una bendición. Pero no lo es todo.

En la Escritura que leímos, encontramos que el autor pone dos testigos, cuatro caminos y tres condiciones para ser bendecidos. También menciona a tres patriarcas de la fe a quienes Dios había jurado darles por heredad un territorio por siempre.

A. DOS TESTIGOS

1. El cielo.
En hebreo se usa la palabra shamayim, y en griego se usa la palabra ouranos.
Shamayim Se halla 420 veces en el A. T.

a. Shamayim es la “bóveda celeste” y el “ámbito celeste” donde vuelan las aves.
b. Shamayim representa el ámbito de donde proceden fenómenos como la escarcha, la nieve, el fuego, la lluvia, etc.
c. Shamayim también representa el lugar donde se encuentran el sol, la luna y las estrellas.
d. Shamayim es la morada de Dios (Salmo 2:4; Dt. 4:39).

2. La tierra.
Se usa el término hebreo erets, y se refiere a todo el mundo, suelo firme.
La frase “cielo y tierra” se refiere a toda la creación, como en el caso de Génesis 1:1

“Hoy pongo al cielo y la tierra por testigos” (hebreo ed.). El término testigos se relaciona con el campo legal y jurídico.
a. En el campo civil, se refiere a alguien que está presente durante un trámite legal y que puede atestiguar en caso de necesidad.

b. En el derecho penal el acusado tiene la facultad de carearse con su acusador y aportar evidencias en cuanto a su inocencia.

c. En un tribunal hay jueces. Estos son los responsables de escuchar tanto al acusador como al acusado. Ambos tienen derecho a presentar evidencias, pero el que determina si tales evidencias son válidas o no, es el juez de turno. El acusado puede ser absuelto o ir a la cárcel.

d. En los tribunales de la tierra juzgan los humanos. En el tribunal divino juzgará Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.

B. CUATRO CAMINOS

1. Camino de vida.
Se usa la palabra hebrea jayim, y se refiere a todo lo que sale de la boca de Jehová (Dt. 8:3). De la boca de Jehová sale palabra de vida eterna.

2. Camino de muerte.
Para muerte se usa la palabra hebrea mawet, y se refiere al fin natural de la vida humana sobre esta tierra. Mawet se refiere al reino de los muertos.

a. Este lugar de muerte tiene puertas (9:13;107:18)
b. Tiene cámaras (Pr. 7:27)
c. El camino de los malos conduce a esta morada (Pr. 5:)

3. Camino de bendición.
Para bendición se usa la palabra barak, y quiere decir “arrodillarse, bendecir, ser bendecido.

4. Camino de maldición.
Para maldición se usa la palabra hebrea arar que quiere decir, maldecir. Camino de maldición es una declaración de juicio sobre los que quebrantan el pacto (Dt. 27:15-26). En esta Escritura se repite doce veces: “maldito el hombre”.

C. TRES CONDICIONES PARA LA BENDICION

1. Amar al SEÑOR.
2. Obedecer al SEÑOR.
3. Ser fiel al SEÑOR.

CONCLUSION: Hermanos, hay caminos y decisiones que el hombre debe tomar considerando que hay dos testigos que juzgarán esas decisiones. Para los que escojan la vida serán recompensados por el Eterno al encontrarse ante el tribual de Cristo. Para los que escojan la muerte serán juzgados en el gran trono blanco.
Hoy, el Señor te dice: “Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes”.

Lo que los matrimonios deben hacer para enfrentar las amenazas del siglo XXI

PASTOR: Isaú Orellana
Asamblea ministerial
Iglesia de dios e. c. guatemala
Hotel del Atlántico
12 de noviembre de 2008


INTRODUCCION: No es un descubrimiento nuevo observar que los cañones y AK-47 del enemigo apuntan en dirección de los matrimonios y las familias. La esencia de la familia y del matrimonio está siendo violentada. Los medios de comunicación contribuyen a alejar las mentes de los principios bíblicos sobre los cuales descansa el matrimonio. Lo que se destaca en el lema que tenemos es que “velamos por la unidad de la familia” y debemos luchar y estar atentos para que eso sea una realidad y se mantenga.

El tema que quiero tratar es la fidelidad en el matrimonio. La característica de ser fieles es algo que Dios requiere en su palabra a todo su pueblo. Jesús habla en parábolas acerca del siervo fiel y del siervo infiel. Quiero dar algunas definiciones de lo que es ser fiel y de fidelidad:
Fiel es aquel que cumple sus compromisos matrimoniales:
• Que vive conforme a la verdad.
• Que es leal.
• Es aquel que es digno de confianza, cumplido y responsable.
• Fidelidad es exactitud en cumplir con un compromiso.
Pastor, de qué te sirve que cumplas con tus compromisos ministeriales, si tu matrimonio está a punto de desaparecer.
Trayendo esto a nuestro matrimonio, el deseo de Dios es que seamos fieles a nuestro cónyuge. Hoy más que nunca debemos prestar atención al pacto que hemos hecho manteniéndonos unidos en espíritu, alma y cuerpo a nuestro cónyuge, porque el diablo se ha levantado con una andanada de ataques de los cuales ningún matrimonio aunque sea cristiano, está exento. Y en este sentido Dios nos dice en Malaquías 2:14-15: “Dios ha visto lo que han hecho todos ustedes: Cuando eran jóvenes, se casaron y se comprometieron a ser fieles a su esposa. Pero no han cumplido con su compromiso”.

Nuestro Dios nos creó para que fuéramos un solo cuerpo y un solo espíritu. Nos creó así para que fuéramos un pueblo consagrado a Él. Nuestro Dios odia a quienes son violentos y abandonan a su esposa. Por lo tanto, ¡tengan cuidado y no le sean infieles a su esposa!”.

Partiendo de este deseo de Dios, vamos a ver en la Palabra cinco consejos para mantenernos fieles dentro de nuestro matrimonio.

I. VELAR Y ORAR PARA NO ENTRAR EN TENTACION (Mateo 26:41)

Lo más importante en nuestra relación de matrimonio es tenerlo al Señor en el medio. La palabra dice: “Velar y orar”. Velar es estar despiertos, atentos y con nuestros sentidos espirituales preparados porque no sabemos de dónde el enemigo va a lanzar su ataque. Algunas veces a través de un pensamiento, actitud o consejo en contra de nuestro esposo o esposa; otras veces a través de miradas o tratos con otras mujeres en el caso de los esposos u hombres en el caso de las esposas. Dice la palabra que el diablo anda como león rugiente, buscando a quien devorar y a los que primero quiere devorar es a los que pertenecen a su pueblo. Cuando estamos velando el Espíritu Santo nos indica el momento justo en que debemos desechar todo engaño escondido en algunas de estas situaciones.

Pero la palabra dice también “orar”, y esta oración tiene que ser “juntos”. Dice la palabra mejor son dos que uno, y la oración juntos crea alrededor de nuestra relación matrimonial como un cerco al cual el enemigo no puede entrar. Si estamos flaqueando en la oración juntos como matrimonio, corrijamos ahora esta situación. Y dice la palabra en este versículo “para que no entréis en tentación”. En Santiago 1:14-16 el apóstol nos explica cómo se produce la tentación: Cada uno es tentado cuando de sus propios malos o deshonestos deseos es atraído y seducido. Es decir que a la tentación la podemos alimentar nosotros. Si usted alimenta un mal deseo seguramente crecerá hasta tal punto que ya no pueda dominarlo, como se hace con un perro.

Es decir que lo que tenemos que hacer, partiendo de esa vida de atención y oración, es cortar y renunciar a todo lo que alimente los malos deseos, ya sea programas, lecturas o música que contienen el espíritu de este mundo, y reemplazarlo por la búsqueda de “todo lo verdadero, lo honesto, lo justo, lo puro, lo amable, lo que es de buen nombre y lo que tiene virtud” (Filipenses 4:8).

II. RECORDAR QUE LO QUE DIOS UNIO NO LO SEPARE EL HOMBRE O LA MUJER (Mateo 19:6)

Jesús nos recuerda que cuando nos unimos en matrimonio ya no somos dos seres independientes, sino una sola carne, una sola cosa. Fermín sabía decir que “lo que Dios juntó” significaba “lo que Dios soldó”. La infidelidad en un matrimonio es la presencia de la rebelión contra esta norma creacional de Dios, y toda rebelión es contra su autoridad. Es decir estamos atribuyéndole a Dios un despropósito. Nuestra fidelidad matrimonial tiene que estar cimentada sobre la confesión que hacemos como esposo y esposa de que “Dios es el que nos ha unido” y si El nos ha unido, el matrimonio es algo serio y es algo santo.

Yo se que cada situación de vida es diferente y hay particularidades que muchas veces escapan de nuestro control, pero no podemos dejar de lado esta verdad: No estamos autorizados a destruir nuestro matrimonio tan solo porque siendo infieles nos sentimos bien con otra persona, porque estamos pasando por alto la obra de Dios y la obra que Dios ha hecho es que nos unió. Ser fieles a nuestra esposa o a nuestro esposo es respetar el pacto y respetar a mi prójimo (Efesios 5:33).

III. DEBEMOS MANTENER LA SANTIDAD EN NUESTRAS MIRADAS
(Lucas 11:34-36)

Alguien dijo que nuestros ojos son el espejo del alma. Cuando hablamos de mirar lo que conviene parecería que los que tienen que tener cuidado solamente son los esposos ante la invasión de pornografía y programas con imágenes subidas de tono, pero creo que también las esposas deben cuidar que es lo que ven. Muchas veces la forma de vida que presentan las novelas invita a la infidelidad y a querer cosas nuevas que están fuera de la voluntad de Dios. Deberíamos hacer la pregunta: ¿Nos conviene ver eso?

En la palabra de Dios hay muchos consejos referidos a nuestras miradas: Proverbios 4:25-26. “Tus ojos miren lo recto”. Aprender a mirar según la voluntad de Dios debe ser una característica del cristiano. En este mundo plagado de invitaciones a mirar lo que no conviene somos sometidos a una intensa presión por parte de nuestro enemigo y del sistema. Aprender a mirar lo que Dios quiere que miremos implica de nosotros determinación como tenía Daniel: “Propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8). El método del diablo es atacar nuestro sentido de la vista.

Nuestros ojos son como una máquina fotográfica que graba imágenes en nuestra mente. Cuando la imagen se estableció en nuestra mente, es fácil que el diablo nos la muestre como se muestra un álbum de fotos. Esa imagen establecida es la que contamina todo nuestro ser. (Génesis 3:6). “Agradable a los ojos”. Así se presenta el enemigo: con cosas agradables a los ojos (2ª Cor. 11:14 ángel de luz), pero su fin es muerte (Prov. 16:25). Cuando andamos en la luz podemos ver fijamente a los ojos, sin avergonzarnos y teniendo comunión con otros (1ª Juan 1).

En el vs. 34 dice Jesús que si nuestros ojos son buenos, nuestro cuerpo estará lleno de luz. En 1ª Cor. 3:16 y 6:19, dice que nuestro cuerpo es templo de Dios porque el Espíritu Santo mora en nosotros. Si nuestros ojos se dirigen hacia lo bueno y recto entonces el templo de Dios (nuestro cuerpo) estará lleno de luz (2ª Samuel 11:1-2). En este pasaje aprendemos dos cosas:
1. Cuando no hacemos lo que tenemos que hacer, es una puerta abierta para que el diablo nos engañe. (vs. 1)

2. El mirar lo que no nos conviene puede ser el comienzo de un desastre espiritual para nuestras vidas (vs. 2)
Una de las cosas que hace Dios es darnos espíritu de dominio propio (2ª Timoteo 1:7). Démosle lugar al Espíritu Santo para que nos ayude a dominar nuestros sentidos.
IV. NO HAGAMOS COMPARACIONES ENTRE NUESTRO CONYUGE Y OTRA PERSONA (Prov. 5:15-23; 6:20-29)
Como decía al comienzo el mundo a través de los medios de comunicación inculca conductas y patrones de vida que son contrarios a la voluntad de Dios, como lo es la infidelidad matrimonial. Muchas veces degradamos la imagen de nuestro cónyuge comparándola con un actor o con una persona que conocemos. Esto puede ser una puerta abierta para que el diablo haga de las suyas en nuestra relación matrimonial. La palabra nos aconseja en Proverbios 5:15- 23 a mantenernos fieles a nuestro compromiso matrimonial.
Tanto el esposo como la esposa deben disfrutar de su relación en un marco en el cual su intimidad esté preservada de cualquier extraño (vs. 17). Dice el escritor: “Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud”. El manantial del esposo es la esposa y el de la esposa es el esposo. Cuando Dios gobierna en nuestros hogares ese manantial es bendito, es bendecido por Dios. La esposa o el esposo que tienes al lado es bendición de Dios, y El te dice hoy: alégrate con ella y en su amor recréate siempre.

Cuando dice siempre es para toda la vida. Y luego el escritor hace una pregunta: ¿Por qué andarás ciego con la mujer ajena? Y aunque se lo dice al hombre debemos aplicarlo también a la esposa: ¿Por qué andarás ciega con el hombre ajeno? Con nuestra esposa somos manantial el uno del otro y no debemos dar nuestra agua a extraños. Debemos escapar del adulterio y de la fornicación (Prov. 6:20-29).

V. DEBEMOS MANTENER NUESTRO LECHO MATRIMONIAL SIN MANCHA (Hebreos 13:4)

Dice el apóstol en este pasaje que nuestro matrimonio sea honroso y que nuestro lecho no tenga manchas. Aunque el mundo califique al que está casado como tonto o estúpido, lo cierto es que él o ella, si se mantiene fiel al pacto matrimonial, llevan honra de parte de Dios.

CONCLUSION:

Ser fieles tiene que ser una característica de los hijos de Dios, y la invitación de Dios hoy es llevar y mantener esa fidelidad dentro de nuestros matrimonios y familias, para que aún nuestros hijos sean bendecidos. Hoy como esposos y esposas, hagamos un pacto de fidelidad delante de Dios y El nos honrará con su bendición.

NECESITAMOS ESCUCHAR A LOS PROFETAS DE DIOS

Pastor: Isaú Orellana
Lunes, 19 de enero de 2009
Artículo # 02-2009
¡Cuánto necesita el pueblo escuchar claramente la voz de Dios! Qué bien nos hace cuando Dios habla a nuestro corazón, algunas veces con palabras de aliento o amonestación, y otras con palabras de misericordia, gracia y amor. Sin duda, el que Dios le hable al hombre es un don sin medida.

Sin embargo, observo en los medios de comunicación televisada en Latinoamérica dos grandes problemas, dos extremos con una misma solucion. Ambos reclaman ser la voz de Dios autoritativa sin serlo, causando mucho mal.

El primero lo constituyen los pastores que se han fosilizado. Repiten lo que han aprendido años atrás; Verdad, pero sin vida; vino viejo en odres viejos, de buen sabor. Todo es cómodo para ellos y los que los escuchan, porque el molde ya ha sido formado para que cada parte calce perfectamente y que alrededor de ellos las personas del statu quo se sientan seguras y alentadas, convencidas de que están en lo acertado. Crecen en doctrina pero no en vida, saben las respuestas correctas, pero su carácter no ha cambiado, conocen la definición de la gracia, pero no la experimentan, viven en el pasado.

El segundo es el extremo opuesto, ni más ni menos peligroso, son los pastores y profetas de la nueva ola, donde lo viejo no sirve y hay que hacer todo nuevo. Interpretan la Biblia en una forma tan dinámica que siempre dice exactamente lo que ellos necesitan que diga en el momento apropiado. De fósiles no tienen nada, porque cada día amanecen con una nueva visión, unción o enseñanza, cada mensaje es un show de creatividad única y exclusiva, su popularidad crece porque saben decir a cada persona exactamente lo que le agrada y apelan a los anhelos del pueblo, su dios se encuentra a su alcance y manejo. No denuncian el pecado del pueblo evangélico o de los gobernantes, sino que se aprovechan de éste para sus propios intereses, sus únicas denuncias son para aquellos que critican su falta de fundamento Bíblico y su ética. Qué bien profetizan, como prometen las bendiciones de Dios, pero cuando no se cumplen, siempre la culpa o el pecado es de otro.

Lógicamente no es popular llamar al arrepentimiento cuando uno desea tener participación política o una Iglesia grande, el lema de muchos es {ser amigo del mundo para lograr que el mundo llegue a ser amigo de Dios}.Parecen tener miedo de que si presentan a Dios como realmente es, Él no tendría muchos amigos, cuando en realidad serían ellos los que tendrían menos.
Lo notable es que ninguno de los dos extremos produce personas auténticamente espirituales y santas, los dos ayudan a que sean religiosas, pero no transformadas, los dos producen autosatisfacción, orgullo y menos presión de los demás pero no misericordia, mansedumbre ni obediencia al Dios vivo.

La solución para los dos extremos, como también para cada uno de nosotros, se encuentra en este versículo: “PERO SI ELLOS HUBIERAN ESTADO EN MI SECRETO, HABRIAN HECHO OIR MIS PALABRAS A MI PUEBLO, Y LO HABRIAN HECHO VOLVER DE SU MAL CAMINO Y DE LA MALDAD DE SUS OBRAS” (Jer.23:22). Solamente al encontrarnos a solas con Dios podemos encontrar lo que Él está queriendo decir a su pueblo.

{El hombre propone y Dios dispone} es un dicho popular muy útil en este caso. Necesitamos proponernos escuchar a Dios en la Palabra y dejar que Él se disponga a enseñarnos. Necesitamos estar disponibles para que Él pueda depositar su enseñanza. Si una persona está dispuesta a sentarse a los pies de las Escrituras, como María se sentó a los pies de Jesús, encontrará al mismo Jesús hablando.

Jorge Mueller, el pastor de fe que alimentó a cientos de niños sin pedir un centavo, pasaba horas arrodillado leyendo, meditando y estudiando la Palabra para que Dios pudiera formar su mensaje en el.
Hoy en día se cumple la profecía de Daniel “Muchos correrán de aquí para allá y la ciencia se aumentará” y muchos pastores corren de aquí para allá y nunca toman tiempo para estar en silencio, para estar a solas con nuestro Dios. Crecen en ciencia, pero no han tenido tiempo de sentarse a los pies de Jesús, las estrategias y planes modernos no incluyen en sus pasos el “ESTAD QUIETOS Y CONOCED QUE YO SOY DIOS” (Sal.46:10).

¿Cuál es el resultado en el púlpito de esa falta de escuchar a Dios? Algunos repiten lo escuchado hace años y otros fabrican lo que nunca ha sido oído. No hay duda de que el show de un músico popular va a atraer más personas que un buen museo, y en la misma forma el pastor de la nueva onda va a ser más popular que el pastor que ofrece el tour del museo teológico, pero los dos están equivocados, los dos producen religiosidad sin relación con el Dios vivo.

Dios habla a través de lo que habló, y hace a través de lo que hizo. Esta realidad nos presenta un desafío grande y hermoso. Dios, el Eterno presente, hace que sus palabras y hechos pasados sean presentes y poderosos. Nos toca a nosotros escuchar y hacer por medio de su ser eterno. No debemos transformarnos ni en un museo, ni en un show de novedades, sino en oyentes atentos del Dios Eterno, y dar claramente su mensaje a su pueblo. Amén.


Isau.orellana@hotmail.com
www.ministeriosnuevauncion.tk

¿Por qué quieres Renunciar?

PASTOR: ISAÚ ORELLANA
IGLESIA DE DIOS E. C.
MINISTERIOS NUEVA UNCIÓN

Introducción:
"¡Los hombres y mujeres de Dios no renuncian a su llamado jamás!". Aquellas palabras le cayeron como un cántaro de agua fría. Las escuchó el domingo en la mañana, durante el primer sermón. Justo ese día, cuando pensaba presentar su carta de renuncia ¡Y no era para menos! El hogar con problemas: su esposa se quejaba de que no la tenía en cuenta, y sus hijos cada día se mostraban más apáticos a la iglesia.

Desde que Marvin había asumido como presidente del ministerio de servidores de la iglesia, las críticas en su contra se multiplicaron. Unos decían que ese no era un ministerio para él, otros opinaban que sus pautas de trabajo eran erradas y ventilaban comentarios sobre la superioridad de su antecesor. Varios voluntarios dejaron de asistir a las reuniones. Aunque él intentaba mejorar de muchas maneras, e incluso ignorar los comentarios malintencionados, cada nuevo esfuerzo parecía atizar el fuego y se volvía en su contra como un boomerang.

Para completar el oscuro panorama, su vida devocional iba de mal en peor. Primero clamó a Dios con angustia, luego dejó de hacerlo. Para ser sincero, ya no quería ni siquiera orar, y en cuanto a leer la Biblia, hacía días que el separador de páginas continuaba en el mismo pasaje escritural. "No tengo ganas de nada, salvo de salir corriendo no sé a dónde, pero quiero correr. No aguanto más", se repetía una y otra vez con evidente desespero. Incluso la relación con sus compañeros de trabajo se tornó tirante y amenazaba con deteriorarse progresivamente.

¿Le parece familiar la historia?

¿Ha vivido una experiencia similar alguna vez? ¿Ha pensado renunciar a su cargo como pastor, diácono, consejero, supervisor de distrito, supervisor regional, supervisor territorial, supervisor nacional u otra de las posiciones de responsabilidad en la congregación o a nivel de misión? ¿Se ha sentido agobiado por el desánimo? ¿En algún momento ha pensado renunciar a todo? Pues le tengo una buena noticia: no es el primero ni tampoco el único. Al igual que usted, decenas, millares quizá, han atravesado por desiertos similares. Sabe una cosa: con su renuncia no se acabarán los problemas. Estos han existido, existen y existirán. Los problemas son los compañeros más fieles de los siervos del Señor. Así que, adonde usted valla los problemas viajarán con usted.

La Biblia registra numerosas historias de siervos que consagraron su vida al servicio de Dios y sin embargo enfrentaron momentos sumamente difíciles. Lo sorprendente es que, aunque algunos de ellos concibieron la idea de renunciar, Dios no les aceptó su disposición de volver atrás.
No pretendo disuadirlo de que renuncia, pero le sugiero que antes de escribir la carta para decir:"Hasta aquí llegué", veamos las siguientes consideraciones:

1. En las tribulaciones se forjan los triunfadores

En los momentos de crisis se conoce a los vencedores. Hay quienes deciden salir corriendo, pero otros, se afianzan en Dios y dan la batalla. Miran las adversidades como un reto. ¿Recuerda a José? Era inocente, sin embargo, sufrió penalidades, traición y calumnias, y no por esas circunstancias dejó de ser un hombre de Dios.

Aunque lo atacaron por envidia (Génesis 37:5-8), lo condenaron duramente por su solidez moral (Génesis 39:7-18), y no le cumplieron promesas (Génesis 40:23), no dejó que en su corazón prosperara la amargura y el resentimiento hasta el punto que, no solo perdonó a sus hermanos que fueron quienes más duramente le atropellaron, sino que les ayudó. "Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”, (Génesis 45:5).

2. Las burlas y las críticas no deben desmoralizarnos

Nunca encontraremos dos personas que piensen igual. Cada quien tiene su propio cristal para mirar el mundo. Por esa sencilla razón no podemos esperar que todos a nuestro alrededor estén plenamente de acuerdo con lo que hagamos. La premisa fundamental es que todo lo desarrollemos, sea concebido con el propósito de agradar a Dios.

Observe el ejemplo que nos ofrece el rey Saúl. Dada su juventud, los ancianos de Israel lo menospreciaron y cuestionaron: "Pero algunos perversos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y le tuvieron en poco, y no le trajeron presente; más él disimuló"(1 Samuel 10:27). Permítame enfatizar algo: Saúl fue prudente. Entendió que no ganaba absolutamente nada con ponerse a reñir con quienes lo señalaban con maldad.

Pablo es otro ejemplo. Concluida una intervención con marcado enfoque evangelístico ante monarcas romanos, delante de quienes presentó defensa de las acusaciones que le hacían, recibió una frase burlona en respuesta: "Diciendo él (Pablo) estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura"(Hechos 26:24,25).

3. Los problemas con la congregación debe resolverlos Dios

Dios es el dueño de la obra. Eso lo tenemos claro, sin embargo, lo olvidamos cuando las cosas salen mal, cuando las personas rechazan nuestras invitaciones a los eventos de la iglesia o sencillamente cuando la feligresía nos dirige todos sus ataques, muchos de los cuales consideramos injustos.

Cuando los israelitas llegaron al desierto de Zin, comenzaron a protestar por la falta de agua y fue justamente Moisés quien debió hacer frente a los ataques. Pero, con la convicción que la obra era de Dios, acudió a Él en busca de ayuda. Dice la Escritura: "Y se fueron Moisés y Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión, y se postraron sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos"(Éxodo 20:6). Cuando volcamos nuestras frustraciones al Señor, Él responde. No estamos solos. Amén.

4. ¿Y si no alcanzamos las metas ministeriales?

Siempre me inquietaron las vidas de aquellos que, una vez llamados al ministerio y cuando estaban trabajando en la obra del Señor, debieron enfrentar dificultades que los sacaron del "frente de batalla". Con el tiempo descubrí que muchos de los hombres y mujeres de Dios no alcanzaron a colmar sus metas ministeriales. No fueron mediocres ni fracasados, sólo que no vieron los frutos.

Moisés, por ejemplo, vio de lejos la tierra prometida estando en la cumbre de Pisga, pero no le fue permitido entrar. "...y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan. Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, más no pasarás allá. Y murió allí Moisés siervo de Jehová..."(Deuteronomio 34:1, 4-5).

Igual ocurrió con Juan el bautista, quien protagonizó uno de los primeros avivamientos de que se tenga historia (Mateo 3:1-12). Era un hombre consagrado, sin embargo, su tiempo en el ministerio no fue prolongado, a lo sumo tres años únicamente. ¿Recuerda cómo terminó? En la cárcel y posteriormente decapitado (Mateo 14:1-12).

¿Y qué podemos decir de Esteban? La Biblia anota que era "...varón lleno de fe y del Espíritu Santo...Y Esteban lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo"(Hechos 6:5ª-8). Comenzó como diácono, el Señor lo utilizó como poderoso evangelista y en corto tiempo murió lapidado. "Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió"(Hechos 7:59,60).

No se desanime, recuerde que no siempre alcanzamos a ver los resultados de todo el esfuerzo. Aunque pareciera que la semilla demora en germinar, si está en la voluntad de Dios, tarde o temprano se convertirá en una hermosa planta. Juan el bautista y Esteban no apreciaron el fruto de su sacrificio, pero hoy todos podemos verlo.

5. Viva un día a la vez

En ocasiones queremos que los resultados sean ahora mismo, ya. Contagiados por el ánimo inmediatista deseamos que la iglesia se llene con rapidez o que el ministerio que Dios nos delegó, florezca de la noche a la mañana. Olvidamos que el Señor nos llamó a vivir “un día a la vez”. No podemos pretender hacerlo todo ahora mismo. No en vano Jesús nos dijo: "Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal"(Mateo 6:34).

Es cierto que hay circunstancias en las que nos vemos tentados a renunciar. Igual situación compartieron los hombres y mujeres de Dios, sin embargo, cuando quisieron quemar las naves, tirar la toalla y salir corriendo, el Señor los confrontó y les dijo: "Espera un minuto. Entiendo que estás apesadumbrado o tal vez ofuscado. Consideras que nadie valora tu trabajo, pero yo sí. Conozco tus desvelos y esfuerzo, así el mundo no lo tenga en cuenta. Por esa razón, toma tu carta de renuncia. De momento, no te la acepto". Y los siervos del Altísimo, después de ese trato divino, debieron reconocer que todavía no era el momento de decir "Hasta aquí llegué".

Los profetas Elías y Jonás son claros ejemplos de que quisieron renunciar al ministerio, Dios no los iba a dejar ir así por así. Si Él le llamó a la obra, es porque le necesitaba allí. El sabe lo que hace. Dios confía en usted, confíe usted en Él. Recuerde que: "¡Los hombres y mujeres de Dios no renuncian a su llamado jamás!"

Isaú Orellana
Iglesia de Dios E. C. Colonia Carabanchel, zona11, Guatemala.
Isau.orellana@hotmail.com
www.ministeriosnuevauncion.tk
isauorellana.blogspot.com

La comunión intima con Dios

PASTOR: ISAÚ ORELLANA
DOMINGO, 25 DE ENERO DE 2009 (10:00 PM)
Iglesia de dios. E. C. Carabanchel zona11
Guatemala

Introduccion: El día de hoy vamos a estudiar algunos aspectos principales relacionados con la oración. Hablaremos de la comunión íntima con Dios, de la vida de oración de Jesús y su comunión con el Padre, y de los beneficios de mantener una vida de comunión íntima con Dios.

I. La comunión intima con dios

A. ¿Qué es comunión? (koinonía)

Koinonía es la palabra griega que se traduce generalmente por “comunión”. Aparece 19 veces como sustantivo (koinonía) y 8 veces como verbo (koinonéo). Ambos términos provienen de otra palabra griega “koinonós”, que se traduce por “compañero” y “participante”. Por lo tanto, sinónimos de “comunión” son “compañerismo” y “participación”. El diccionario de sinónimos agrega los términos: Amistad, camaradería, fraternidad, familiaridad, intimidad, confraternidad y hermandad.
Esta “comunión”, que es fruto y obra del Espíritu Santo (2 Cor. 13:13; Fil. 2:1), expresa tanto nuestra relación con Dios como con los hermanos. Con respecto a Dios, el apóstol Juan declara que nuestra comunión (koinonía) verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo (1 Jn. 1:3). Según Pablo, los creyentes fuimos llamados por Dios a la comunión (koinonía) con su Hijo Jesucristo nuestro Señor (1 Cor. 1:9). Esta común unión con el Hijo llega a ser tan profunda que nos permite participar (koinonía) de sus mismos padecimientos (1 P. 4:13; Fil. 3:10). Pero no sólo de sus padecimientos, sino también de sus bendiciones. En efecto, dice Pablo que la copa de bendición que bendecimos en la mesa del Señor es la comunión (koinonía) de la sangre de Cristo, esto es, es la manera divina en que los creyentes participamos de los beneficios de la sangre de Cristo. Asimismo, el pan que partimos es la comunión (koinonía) del cuerpo de Cristo, es decir, es nuestra participación en el cuerpo de Cristo, del cual ahora formamos parte (1 Cor. 10: 16-17).
Con respecto a la koinonía entre los hermanos, es interesante notar que la comunión no es, según el Nuevo Testamento, algo puramente romántico o abstracto. Todo lo contrario. La koinonía se expresaba en acciones muy concretas. Por ejemplo, Macedonia y Acaya, dice Pablo, tuvieron a bien hacer una ofrenda (koinonía) para los pobres de la iglesia en Jerusalén (Rom. 15:26). Según Pablo, es lo que correspondía hacer, por cuanto los gentiles habían sido hechos participantes (koinonéo) de los bienes espirituales de los creyentes judíos (Rom. 15:27). Los creyentes, por tanto, expresan su comunión de la siguiente manera: Compartiendo (koinonéo) para las necesidades de los santos (Rom. 12:13). Por eso, las iglesias de Macedonia pidieron con muchos ruegos que los apóstoles les concediesen el privilegio de participar (koinonía) en este servicio para los santos (2 Co. 8: 4). ¡Aleluya! ¡Qué comunión! De la misma manera, Pablo, escribiendo a los gálatas, les exhorta: “El que es enseñado en la palabra, haga partícipe (koinonéo) de toda cosa buena al que lo instruye” (6:6). Por eso, la iglesia en Filipos participó (koinonéo) con Pablo en razón de dar y recibir (Fil. 4:15). El escritor a los Hebreos termina diciendo: “Y de hacer bien y de la ayuda mutua (koinonía) no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (13: 16). ¡Que la koinonía con el Señor y entre los hermanos vaya más allá de las palabras! Amén.
B. ¿Con quiénes desea el Señor tener comunión?

1. Con los que le temen (Salmo 25:14)

C. ¿Qué es temor de Dios?

Respuesta: Para un no creyente, el temor de Dios es temer el juicio de Dios y la muerte eterna, la cual es la separación eterna de Dios (Lucas 12:5; Hebreos 10:31). Para un creyente, el temor de Dios es algo muy diferente. El temor del creyente es reverenciar a Dios. Hebreos 12:28-29 es una buena descripción de esto, “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.” Esta reverencia y admiración es exactamente lo que significa el temor de Dios para los cristianos. Este es el factor que nos motiva a rendirnos al Creador del Universo, Nuestro Dios.

Proverbios 1:7 declara, “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová...” Hasta que comprendamos quien es Dios, y desarrollemos un temor reverencial hacia Él, no podremos adquirir la verdadera sabiduría. La verdadera sabiduría solo procede del entendimiento de quién es Dios, que Él es santo, justo y soberano. Deuteronomio 10:12, 20.21 dice, “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.” – “A Jehová tu Dios temerás, a Él solo servirás, a Él seguirás, y por su nombre jurarás. Él es el objeto de tu alabanza, y Él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.” El temor de Dios es la base para nuestro andar en Sus caminos; servirle y amarlo. El temor de Dios es amar todo lo que Él ama, y aborrecer todo lo que Él aborrece.

D. ¿Qué es lo que Dios odia? (Prov. 6:16-19)

1. Los ojos altivos.
2. La lengua mentirosa.
3. Las manos derramadoras de sangre inocente.
4. El corazón que maquina pensamientos inicuos.
5. Los pies presurosos para correr al mal.
6. El testigo falso que habla mentiras.
7. El que siembra discordia entre los hermanos.

La comunión con Dios debe ser nuestra prioridad. La comunión y nuestra relación con Dios deben ser un valor y una prioridad en nuestra vida.

E. ¿Qué es un valor?

Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas. Por ejemplo, la virtud y la felicidad son valores; pero no podríamos enseñar a las personas del mundo actual a ser virtuosas según la concepción que tuvieron los griegos de la antigüedad. Es precisamente el significado social que se atribuye a los valores uno de los factores que influye para diferenciar los valores tradicionales, aquellos que guiaron a la sociedad en el pasado, generalmente referidos a costumbres culturales o principios religiosos, y los valores modernos, los que comparten las personas de la sociedad actual. Teológicamente, un valor es una creencia bíblica que practicamos diariamente.

F. ¿Qué es una prioridad?

Es todo aquello a lo que le damos el primer lugar en orden de importancia. Según el diccionario, prioridad es: “anterioridad de una cosa con respecto a otra”. Parafraseando, es poner o hacer algo primero que lo otro, antes que cualquier otra cosa. (Habla de orden) Tomando en cuenta esta definición podemos decir que nosotros sin darnos cuenta, muchas veces establecemos prioridades.

¿Qué debemos tener en cuenta para establecer prioridades? Hay varias cosas que debemos tener en cuenta para establecer prioridades y es bueno que las tengamos en cuenta. A estas cosas que debemos tomar en cuenta le llamaremos “Elementos”.

1. Tener visión.
¿Qué es visión? Es tener una percepción imaginaria de objetos irreales. Es tener una sensación interior acerca de algo imaginario y verlo como una realidad. Para poder establecer prioridad en la vida es necesario que tengamos una visión, y esto e4s como tener un sueño de algo que se quiere lograr o que se haga una realidad y en base a eso se trabaja. Es necesario e importante que el ser humano tenga una visión en su vida, porque esto se convierte muchas veces en su verdadera razón de vivir.

2. Tener un Propósito y un Objetivo.
Es la intención o voluntad de hacer algo. Es tener la intención de cumplir o hacer lo que se le encomienda. Si no hay un propósito no podemos lograr nada, ni tampoco podemos establecer una prioridad en nuestra vida. Propósito es la intención. Objeto, lo que se quiere alcanzar.

3. Descubrir el verdadero potencial.
El potencial es la habilidad que poseemos para realizar cualquier actividad pero que aun no hemos desarrollado. Es lo que podemos lograr pero que todavía no lo hemos intentado, es como tener en nuestro interior una capacidad y está atada y necesita ser desatada. Una vez que esa capacidad es desatada, podemos decir que hemos descubierto el verdadero potencial. Para poder establecer prioridad es necesario que sepamos para qué damos, para qué somos buenos.

4. Confrontar todos nuestros temores.
Esto es una de las cosas que nos impiden llegar a las metas que nos trazamos; cuando nuestras vidas están llenas de temores no podemos llegar lejos, no podemos elevarnos cual las águilas y nos quedamos en la mediocridad. El que confronta y vence los temores, es aquel que establece prioridades en su vida, porque cualquier pensamiento derrotista que viene a su mente lo confronta y sale vencedor.

II. LA VIDA DE ORACIÓN DE JESÚS Y SU COMUNIÓN CON EL PADRE

Analicemos la vida y la naturaleza de la oración de Jesús para que aprendamos de Él.

A. Jesús oraba en todo tiempo

1. Oraba por la mañana, (Marcos 1:35)
2. Oraba por la noche, (Lucas 6:12)
3. Oraba por la tarde, (Mateo 14:23)

B. Jesús oraba solo y con sus discípulos (Lucas 9:28-29)
C. Jesús oraba en desiertos y en los montes (Lucas 5:16)

D. Jesús oraba desde una hora hasta toda la noche (Lucas 6:12)

E. Jesús oraba el Padre Nuestro (Lucas 11:1)

¿Cómo aplicar la oración a nuestra vida? (Mateo 6:33)

III. BENEFICIOS DE MANTENER UNA VIDA INTIMA CON DIOS

A. Tendremos paz (Job 22:21)

B. Haremos proezas y hazañas (Daniel 11:32)
Proezas y hazañas son hechos atrevidos y poderosos para Dios que otros nunca han hecho.
C. Estaremos satisfechos y completos (Jeremías 31:25)

Conclusión:
¿Cómo tener comunión íntima con Dios?
1. Debemos humillarnos en su presencia (2 Crónicas 7:14)
2. Debemos empezar a orar ahora mismo (Job 22:21-27)
3. Debemos buscar su rostro (Salmo 42:1-2; 63:1-3)
Creo que este el momento de empezar a buscar el rostro de Dios. Paremos de hablar de oración; hagámosla y practiquémosla para hacer cosas grandes para Dios.

Las Metas de un Atleta Cristiano

1 Corintios 9:24-27: 24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26Así que, yo de esta manera peleo, no como quien golpea al aire, 27sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Introducción:

¿Cuáles deben ser las metas del atleta cristiano?
• Correr para ganar (V. 24)
• Vivir disciplinadamente (V. 25)
• Tener un destino determinado (V. 26)
• Pelear la batalla objetivamente (V. 26)
• Ser ejemplo en el servicio (V. 27)

¿A quiénes se compara el Apóstol aquí?
¿Cuál es su característica distintiva?
¿A dónde corría Pablo y con quién peleaba?

Respuesta:
1. Se compara con:

• Los atletas dedicados a correr: “yo de esta manera corro”.
• Los pugilistas o boxeadores: “de esta manera peleo”.

La característica distintiva de ambos es la disciplina del duro entrenamiento. Hay muchas cosas que los competidores quisieran hacer o divertirse más con sus amigos, pero no lo hacen porque eso podría privarles del premio mayor.

La Versión Internacional dice “Todo el que compite en los juegos olímpicos se impone a sí mismo un severo entrenamiento, ellos lo hacen para recibir una corona de laurel que al fin se ha de marchitar; pero nosotros lo hacemos para conseguir una corona que durará para siempre.”

2. La versión Latinoamericana dice: “Así, pues, yo corro, sabiendo a dónde voy. Doy golpes, no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que habiendo predicado a otros, venga a ser eliminado.”



Podríamos decir que aquí estaba el éxito del ministerio de Pablo:

• Tenía un objetivo claro y definido.
“Corro, no como a la ventura” “no como a ciegas” o “sin rumbo fijo”. En otra ocasión dijo: “me esforcé a predicar el evangelio no donde Cristo ya hubiese sido nombrado”. Todos sus viajes tenían este propósito.

• Adoptó una disciplina férrea.
“Golpeo mi cuerpo”, “obligo a mi cuerpo a que me sirva”. Podríamos decir que toda competencia es dolorosa. El buen deportista sabe bien que sin dolor no tendrá el premio. Los que triunfan deben soportar el sufrimiento hasta límites increíbles, obligando a sus piernas a continuar corriendo aun cuando ya no pueden más.

• En tercer lugar, tuvo éxito porque temía ser eliminado.
“no sea que después de haber proclamado a otros, yo mismo sea reprobado”, “eliminado”, “descalificado”. Para Pablo no existía tal cosa como “una victoria segura”. Sabía que debía luchar todos los días porque podía perder el premio. ¿Después de tanto trabajo, persecuciones, desvelos, sufrimiento y preocupación para que la iglesia prospere podría ser eliminado? Si. Eso es lo que dice el texto.

1ª Corintios 9:24-27, nos enseña que Lo importante no es simplemente participar, sino participar y ganar.

Cuando se celebra una carrera, del tipo que sea hay un lema deportivo que no debe olvidarse, y es que “lo importante no es ganar, sino participar” y con esto uno debe emprender la carrera y aunque no gane estar contento porque se ha participado.

Se suele creer que en la fe pasa lo mismo, que el hombre debe esforzarse lo suficiente, andando o corriendo por esta vida, recordando que lo importante es participar. En el texto de hoy, Pablo nos dice que no es así. El versículo 24, recuerda a los creyentes que hay un premio y les recomienda: “Corred, de tal manera que lo obtengáis". Parece antideportivo que se recomiende al creyente que corra para ganar, pero en ese sentido lo es.

No se está hablando aquí de la salvación, que naturalmente es gratuita y nadie nos puede quitar, sino de una recompensa que recibiremos de acuerdo a nuestro comportamiento aquí en la tierra, una recompensa a nuestra manera de vivir la fe que un día experimentamos. En este sentido debemos ser ambiciosos, y correr de tal manera, que obtengamos el premio. Ser tan consecuentes en nuestra fe, en esta vida, que Cristo nos ponga a su derecha junto con los corderos que fueron fieles y que recibirán su recompensa.

Como en toda carrera, se necesita una preparación. Alguien no preparado no puede emprender una carrera. Se necesitan técnicas para que nuestro correr sea provechoso, y sobre todo mucha constancia, para que no sean esfuerzos puntuales que no llevan a nada, sino un trabajo constante que nos llevará a la meta, victoriosos. ¿Quieres ganar la carrera?, presta pues atención a los consejos que Dios nos da.

I. Para ganar se necesita entrenamiento

Pablo está utilizando una ilustración que los Corintios conocen a la perfección, el deporte. Después de los juegos olímpicos seguían en importancia los juegos ístmicos celebrados en Corinto cada tres años, se podían ver como los deportistas se preparaban para estos juegos, diez meses antes de los juegos se reunían todos los participantes para comenzar allí sus entrenamientos. Se podía ver cómo se levantaban de madrugada para poder realizar sus ejercicios, cómo se abstenían de comer algunas cosas con sus dietas especiales, cómo no participaban de muchas actividades, para que llegados los días de los juegos estuvieran en óptimas condiciones para participar.

No es tan raro, porque podemos ver que hoy en día siguen haciéndolo. Los deportistas llevan una estricta dieta que no deben saltarse para estar en forma, sacrifican muchos días para poder entrenarse, no asisten a determinadas fiestas para poder dormir lo suficiente, se abstienen de todo ello porque ansían conseguir el premio.

Los griegos tenían un entrenamiento que empezaba con los siete años, cuando los niños comenzaban a ir al colegio, estudiaban las asignaturas básicas como lectura, escritura, matemáticas, música, poesía, danza, aprendían a tocar un instrumento musical y paralelamente, tenían un duro entrenamiento físico, lucha, boxeo, carreras, lanzamiento de jabalina y disco. Eran las materias básicas. A los dieciséis años se les agregaban los estudios de literatura, filosofía y política. Un duro entrenamiento, dejando muchas cosas de lado, para obtener una corona de pino.

El creyente también participa de una carrera, y no puede enfrentarse a ella sin un buen entrenamiento. Hay algunas cosas de las cuales debe abstenerse; no porque sean malas, sino porque dificultan y entorpecen mi carrera. El propio Pablo les recuerda esto a los corintios en, 1ª Corintios 6:12.

Es algo muy importante para que consigamos llegar a la meta, victoriosos, hacer las cosas por convencimiento propio. El que se entrena para un deporte, no le duele demasiado, abstenerse de determinadas cosas, porque piensa en la victoria que a través de ello puede conseguir, se abstiene porque está convencido, sino, no lo haría. Porque sabe que su esfuerzo le llevará a conseguir algo que es mejor y que el ansía.

El cristiano que sabe desprenderse de las cosas que le entorpecen su carrera, llega a la meta con derecho a premio. Un cristiano que en público práctica la abstinencia y luego a solas se atiborra de cosas dañinas, se cansa y no alcanza la meta. Muchos fracasan porque aunque muestran una cara, luego a solas no cumplen y quizás nuestra primera meta es estar convencidos de lo que lo que hacemos obtiene premio y que queremos hacerlo. Ningún entrenamiento llegará lejos si la persona que lo hace no está totalmente convencida.

Los griegos solían correr en el estadio completamente desnudos, pues querían desprenderse literalmente de todo lo que les pudiera estorbar en la carrera. No sentían vergüenza, porque sabían lo que significaba poder correr sin ningún impedimento.

En nuestro entrenamiento hemos también de aprender a desprendernos de aquellas cosas que dificultan nuestra carrera, no por mandato, sino por convencimiento comprendiendo lo que estamos haciendo. Cualquier recompensa en este mundo, acabará siendo corruptible, cualquier cosa que pongamos en nuestro camino, que nos dificulte la carrera, por mucho que nos atraiga, algún día se acabará.

Sin embargo, no tenemos medidas para comprender la grandeza de lo que nos espera, algo incorruptible, algo que Dios mismo nos dará, y que debemos ansiar, siendo fieles a Dios en todo momento.

II. Para ganar se necesitan ciertas técnicas

Después del entrenamiento hay algo que también es primordial. No le basta al corredor haberse preparado bien, entrenar su cuerpo para llevarlo al límite, y esforzarse todo lo posible, ahora hay que aprender la técnica.

Vi una vez un reportaje de un grupo de personas que había desarrollado un programa informático, capaz de corregir la técnica de los corredores. Lo aplicaron a un buen corredor que ya disponía de buena técnica, grabaron su forma de correr y la introdujeron en el ordenador, el resultado fue que podía ganar algo más de un segundo corrigiendo un pequeño giro del pie derecho, que le hacía perder algunas milésimas de segundo en cada zancada. Con un poco de esfuerzo consiguió corregirlo, y efectivamente ganó un segundo y medio, lo que le hizo batir el record de su país.

La técnica del que corre la carrera de la fe, es importante, no es suficiente prepararse bien, y echar a correr sin más, porque se irá muy rápido, pero no se llegaría a ningún sitio. Existen varios tipos de carrera, que no llevan a la meta:

• Está aquel que desde un principio quiere correr mucho.
Es aquel que quiere participar en todo, que se queja que "aquí no hacemos nada", que se entusiasma con cualquier cambio, es aquel que corre mucho al principio gastando todas sus fuerzas, y luego está agotado. Hay que empezar lentamente, calentar los músculos, no puedo pretender cambiarlo todo en mi vida de un día a otro. Costumbres, hábitos, motivaciones debe ser cambiados poco a poco, para que aquello que haga perdure. Si pretendo hacerlo todo de vez, acabará desilusionado, sentado en el banco de la iglesia, preguntándome "que narices hago yo aquí".

• Luego está aquel que tiene muchos ánimos y mucha fuerza, pero no corre en la dirección correcta.
Esto suele suceder a los que cambian muy a menudo de ideas, hoy, es tremendamente fundamentalista, mañana es liberal, pasado luterano acérrimo, y el otro pentecostal. Gente que son como veletas que gastan su tiempo en cosas que no son esenciales, literalmente “gente que se anda por las ramas”. Habéis visto correr a alguien en un estadio que en lugar de seguir su camino marcado, cruce el césped, luego suba a tribunas, baje de un salto, salga fuera de una vuelta exterior al estadio entre cruce la meta y pretenda haber ganado porque lo ha hecho más difícil. Este atleta, no sabía lo que se pedía de él.

Así es el creyente a su modo, improvisando, gasta muchas energías, pero es muchas veces tropiezo, principalmente para él mismo. Conozco gente que se compra un aparato de cualquier clase, lo saca de su envoltorio, y tira la caja con las instrucciones, porque "todas son iguales" y no consigue sacar el máximo rendimiento a su compra. Luego se queja del fabricante, del que se lo vendió de todo, porque no consigue hacerlo funcionar, y todo porque no leyó las instrucciones.
La técnica para correr la carrera de la fe es mantener el ritmo (Versículo 26). La carrera que tenemos delante es larga, pero no sacaremos provecho, si no estudiamos la técnica correcta para correr en ella. No vale la pena, correr a la ventura, ni golpear al aire. Y no hay sensación más desagradable que pasarse la vida haciendo cosas que luego no sirven para nada. Se asemejan a aquellos profeta que en Israel son reprendidos porque hacían cosas, muchas cosas, pero Dios no se los había mandado, Jer. 14:14.

III. Para ganar se necesita Constancia

Hay una manera correcta de enfrentarse a esta carrera, y es tal como nos dice el versículo 27. El secreto de todo buen corredor está en la constancia de todo lo que hace tanto en su entrenamiento, como durante la carrera.

Es algo primordial en la vida del creyente, una constancia en las cosas que hace, tanto en la lectura diaria de la Biblia como en la oración, como la comunión con los demás hermanos en todos los cultos de la semana, constancia.

Se suele decir que los conflictos del creyente comienzan en su habitación, en su intimidad, en la falta de constancia. Pablo tenía miedo de perder la corona, no la salvación eterna que recibimos por gracia de Dios. Pablo no quería perder su premio, el que recibiría por su vida. Quería ganar la carrera.

Este es el secreto de una vida premiada, la constancia. Cuando vemos cosas bonitas, nos llaman la atención aquellas que han sido formadas por pequeñas cosas, y con mucha paciencia y constancia. Quien no se ha maravillado cuando ha visto un puzle terminado de 20.000 piezas, o una obra de labor, como la que suele haber en los restaurantes chinos donde se representan complicados paisajes en enormes murales todos cosidos hilo tras hilo.

Quizás piensas que vale más la pena hacer grandes cosas, enormes obras que perduren, pero las más bonitas son aquellas hechas con pequeños elementos, y con una constancia diaria.

Resumen: Al final de sus días, el miedo de Pablo había descendido. Dice en 2ª Timoteo 4:7-8. Dios quiere ayudarnos a ser constantes en nuestra carrera y llegar victoriosos a la meta, y podamos decir con Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”.

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