LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Mateo 28,16-20:

En enero de 2009, yo cumplí 25 años de vida matrimonial, igualmente de ser un predicador de la palabra de Dios, y me siento privilegiado de ser un ministro de la iglesia de Dios Evangelio Completo de Guatemala.

Cuando uno cumple una década de alguna actividad o relación, creo que es oportuno reflexionar, tomar un tiempo para mirar hacia atrás, evaluar, hacer posibles correcciones de rumbo, y soñar sobre la próxima década o misión. Por supuesto que otros posiblemente nunca lleguen a ver lo ques tú has hecho, pero que eso no sea motivo para estancarte. Debes proyectarte a la próxima misión.

El cumplimiento de más de dos décadas de pastor-misionero me ha llevado a reflexionar sobre la misión. ¿Qué es la misión? El texto que he seleccionado para orientar la reflexión es conocido como la Gran Comisión. En este texto Jesús da un mandamiento vinculante antes de ascender al cielo. Dice:

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Al consultar el texto griego de este pasaje me sorprendió algo. Aunque en castellano parece que hay varios mandatos, en el griego hay uno sólo: haced discípulos. Lo que parecen mandatos paralelos—ir, bautizar y enseñar—son en realidad participios que dependen del verbo principal de hacer discípulos. Esta observación me hace pensar que el mandato central es haced discípulos. El ir, bautizar y enseñar son elementos constituyentes para cumplir el mandato de hacer discípulos. Justo antes de subir al cielo Jesús exige a sus seguidores a hacer discípulos. Esto es la esencia de la misión.

Ir
Jesús nos envía a todas las naciones, a todos los pueblos. La misión que nos encomienda el Señor es universal. No hay ningún pueblo que está fuera del alcance de su visión. Tenemos que ir a ellos. Tomamos la iniciativa, como Dios en su gracia toma la iniciativa siempre hacia nosotros.

Pero hoy en día no hace falta siempre ir a otro sitio para alcanzar al mundo. El mundo está viniendo a nosotros. España está inundada de inmigrantes, y hay inmigrantes presentes en este culto, y doy gracias a Dios por ellos. Todos nosotros hoy tenemos contacto con personas de otro pueblo. Podemos participar en la tarea de hacer discípulos del mundo desde nuestra casa, aunque algunos de nosotros Dios llama a trasladarnos a otro sitio.

Bautizar
Otro componente vital de hacer discípulos es bautizar. Sabemos que el bautismo es el rito de entrada en la Iglesia. En cuanto a la tarea de hacer discípulos es aquí donde proclamamos las buenas nuevas del amor de Dios manifiesto en Cristo.

Pero no quiero que concibamos esto en la manera tradicional de simplemente evangelizar a través de la predicación y la distribución de literatura. Sin descartar esto, hoy en día creo que es más efectiva la construcción de una comunidad del reino de Dios. Una comunidad visible y palpable donde se vive el amor de Dios en Cristo, donde las barreras que separan las personas en el mundo no existen—sea dinero, nivel educativo, clase socioeconómica, nacionalidad o etnicidad.

Estos factores no tienen lugar en el reino, y la construcción de la comunidad del reino en la iglesia local puede contribuir enormemente a la incorporación de nuevos discípulos.

Enseñar
El tercer componente de hacer discípulos es enseñar. ¿Pero enseñar qué? Creo que lo que Jesús tiene en mente en relación a la labor de hacer discípulos es enseñar cómo vivir una vida orientada por la fe. Para expresarlo de otra forma, enseñamos cómo vivir una vida fiel a Dios, y Jesús mismo es el ejemplo supremo de ello. Jesús nos exhorta a enseñar “todas las cosas que os he mandado”. La vida y las enseñanzas de Jesús son la guía para orientar nuestra vida de fidelidad a Dios. Por tanto, los discípulos que formamos son seguidores de Jesús e imitan a él.

Ir, bautizar y enseñar son tres componentes esenciales para hacer discípulos.

Entramos en el mundo del otro, les incorporamos en la comunidad del reino y les enseñamos por ejemplo y con estudio cómo vivir vidas fieles a Dios, tal como Jesús nos ha demostrado.

Misión y creación
Cuando estaba reflexionando sobre este gran texto llamado la Gran Comisión, se me ocurrió algo. Creo que la mayoría de nosotros tenemos la impresión de que la misión tiene su inicio con este evento. Es decir, la misión comienza cuando Jesús asciende al Padre, pero en realidad no es cierto. La misión tiene su inicio mucho antes, incluso antes de la creación.

En Efesios 1:4 Pablo dice: “[Dios] nos escogió en [Cristo] antes de la fundación del mundo”. Pablo no está hablando sobre la predestinación de la teología calvinista aquí. Está intuyendo los planes de Dios antes de la fundación del mundo. Si Dios está preparándose para crear criaturas a su propia imagen, entonces sabe que la rebelión, es decir, la caída en el pecado es una posibilidad real. Los seres humanos creados a la imagen de Dios tienen la libertad, no son robots pre-programados; por tanto, la posibilidad de pecar es parte del riesgo de crear estas criaturas. Por eso Dios preparó su plan de redención, de restauración y de reconciliación ¡antes de la creación! La misión de Dios, fundamentada en su gracia, comienza antes de la creación.

Así que lo que llamamos la Gran Comisión es una nueva fase de una misión antigua. La vida, muerte y resurrección de Cristo representan la fase cristológica de la misión divina, cuyas raíces son de antes de la creación. En Jesús Dios se revela a sí mismo definitivamente; procura la redención a través de la cruz y resurrección; y da nueva forma a su pueblo escogido. A partir de Cristo la misión divina y el pueblo de Dios adoptan una forma cruciforme. La llamada Gran Comisión es una nueva fase de una misión primordial.

La Misión Es…
Vuelvo a la pregunta original. ¿Qué es la misión? Orientado por este pasaje quiero destacar tres elementos esenciales.

1. Ser discípulo
Primeramente la misión es ser discípulo. No podemos hacer discípulos sin ser un buen seguidor de Jesús primero. Si estamos viviendo vidas fieles a Dios, con una fidelidad orientada por la vida, las enseñanzas y la pasión de Jesús, entonces podemos hacer discípulos. Podemos ir, bautizar y enseñar.

2. Compartir la visión de Dios
Segundo, la misión es compartir la visión de Dios. La misión tiene su origen y esencia en Dios mismo. La visión de Dios es universal, ecológica e impulsada por el amor. Es universal porque ningún ser humano está fuera del alcance de la visión de Dios. El más malo y el más bueno, el cristiano, el musulmán y el ateo, todos caben dentro de la visión.

Digo que la visión es ecológica porque incluye toda la creación. Su misión no abarca sólo los seres humanos. Ama a toda la creación; por tanto, si vamos a compartir la visión de Dios, nuestra misión tiene que tomar en cuenta la creación también.

Finalmente, la visión de Dios es impulsada por el amor. Hemos dicho que el plan de redención, de restauración y de reconciliación proviene desde antes de la creación. Por eso es de pura gracia. El impulso central de Dios en la creación y en la misión es el amor, y así debería caracterizar nuestra participación en la misión.

3. Mantener la conexión
Tercero y finalmente, la misión es mantener la conexión con Dios. Jesús termina la Gran Comisión con una promesa: “Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Cuando Cristo asciende al Padre, da el Espíritu. Cristo está presente en nosotros y en la Iglesia a través del Espíritu. Para participar en la misión de Dios necesitamos mantener la conexión con Cristo al corriente. Él es el protagonista de la misión y el capacitador. Para usar terminología más tradicional, necesitamos andar en la plenitud del Espíritu, tanto al nivel individual como al nivel comunitario y eclesial.

¿Qué es la misión? La misión es participar con Dios en su visión. En Cristo somos beneficiarios del amor transformador de Dios, y ahora en Cristo somos colaboradores como hijos amados en la labor continua de redención, restauración y reconciliación.

Como he comenzado con una nota personal, así termino. ¿Qué he aprendido en más de 20 años como pastor-misionero? He descubierto que no llevo a Cristo a donde no está, sino que encuentro la presencia de Cristo ya presente, y luego él me invita a participar con él y con los hermanos en su labor. En vez de ser uno que tiene que trae a los que no tienen. He encontrado personas que saben más que yo, cuya dedicación es más completa que la mía, quienes andan más de cerca de Jesús que yo. Ser misionero es traer mi persona y experiencia a un nuevo lugar para trabajar hombro con hombro con otros en un proceso constante de ir y recibir, de enriquecimiento mutuo. Y el protagonista de todo es Dios, y la motivación es el amor de Cristo, y la energía fluye del Espíritu.

Escuchemos las palabras de Jesús antes de su ascenso al Padre:

“Id y haced discípulos a [todos], bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

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