DEBEMOS CUIDAR A NUSTRO PASTOR

Pastor: Isaú Orellana
Domingo, 23 de noviembre de 2008
Idec. San Miguel, Petapa

Derivado del “éxito” que tienen algunos Pastores, es que viven desahogadamente. Muchas personas no cristianas asumen que el Pastorado es un negocio en el que se saca provecho de los miembros, cuando la realidad es que el 99% de quienes ejercen el Pastorado lo hacen bajo condiciones difíciles y su economía no sobresale.

Recuerdo mucho la expresión de un Pastor quien dirigiéndose a la congregación decía: “ustedes son 120 pares de ojos que me miran y yo tan solo tengo un par para mirarlos a ustedes”. Esto en alusión a ciertas críticas de las cuales estaba siendo objeto. El trabajo pastoral es sin lugar a dudas uno de los más difíciles que hay, pues el Pastor tiene sobre sus hombros la carga espiritual de quienes son miembros de la iglesia que pastorea, además de la de su propia familia. NO es raro que la comida preferida de muchos cristianos sea “El Taco de Pastor”.

Quisiera que reflexionemos algunos pasajes de las Escrituras que nos enseñan cómo debe ser nuestra relación con los pastores.

Primeramente, debemos reconocer que el pastorado es una profesión en la cual es indispensable el “llamado de Dios”, puesto que la actividad misma es un Don Espiritual que sólo puede otorgar Dios.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4.11).

No quiero pasar por alto que hay quienes sin tener el “llamado ni el don de Dios” ejercen el pastorado por motivaciones diversas. Algunos debido a que sus esposas o novias eran misioneras, otros porque fueron objeto de presión de sus padres o de su Iglesia, otros por no contar con otra alternativa, etc. En estos casos es responsabilidad de la Iglesias cuidar que las características que enumera 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 2:1-10 sean manifiestas en sus pastores.

La Palabra de Dios dice: Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan (1 Tesalonicenses 5:12)

Esta porción tiene muchas implicaciones, puesto que el reconocimiento al que se refiere la Escritura, contempla no solo reconocer “un buen trabajo” o “una buena prédica”, sino el cuidarle de forma integral. Por ejemplo, permitirle pasar tiempo con su esposa e hijos. Esto implica que el día de asueto que se le conceda sea uno que le permita ejercitar una verdadera convivencia con su familia. También es darle apoyo material para que desarrolle su trabajo, así como apoyo moral y físico, ayudándole en ciertas tareas que también son parte de la responsabilidad de los miembros, tales como el evangelismo, la visitación, la enseñanza, etc..

Uno de los aspectos que pareciera ser “doloroso” para las Iglesias es la designación del salario, el cual debe ser digno, acorde a las posibilidades de la Iglesia y que le permita vivir dignamente dando sostenimiento a su familia.

“8¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? 9Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, 10o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. 11Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?

12Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. 13¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? 14Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Corintios 9:8-14)

Es común en las Iglesias de Latinoamérica, asignar salarios mínimos al Pastor (pagándoles a destiempo y con moneditas). He escuchado expresiones de quienes dicen que los Pastores “deben de sufrir”, hay quienes se molestan por el hecho que el Pastor tenga aspiraciones a poseer una casa para su familia o un auto, y otra circunstancia no menos grave, es que en su mayoría las Iglesias esperan que tanto la esposa del Pastor como sus hijos participen del trabajo Pastoral, es decir que aun a la familia del pastor le asignan cargas que no tienen porque llevar.

“7Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. 8Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Hebreos 13:7-8)

De forma reiterada, la Biblia nos pide ser considerados con el Pastor. Las Iglesias exigen demasiado de su Pastor, los quieren disponibles las 24 horas, les llaman para atender cualquier problema por mínimo que sea sin importar el horario. Pasan por alto que los Pastores son personas con sueños, anhelos y aspiraciones como cualquier otra persona. Ellos también pasan pruebas y luchas y sufren de tentaciones al igual que todos, y muchas veces en aras de “atender “ a la Iglesia, descuidan a su propia familia. Muchos de ellos pierden a sus propios hijos quienes se refugian en el mundo, pues el peor testimonio lo recibieron de su Padre quien siempre estuvo atento a la congregación y muy pocas veces a sus hijos.

Esto es corresponsabilidad de la Iglesia, quien debe ayudar a que su pastor mantenga una comunión efectiva con su propia familia. Y cuando el pasaje refiere “Acordaos de vuestros pastores”, no significa que debamos “comparar” al actual Pastor con alguno que hayamos tenido en el pasado, esperando que sean iguales y no reconocer que a cada cual Dios ha dado dones diferentes y estilos diferentes. Es triste que algunas Iglesias critiquen el trabajo Pastoral debido a que añoran al Pastor anterior.

Lo más difícil para la Grey es someterse al liderazgo y autoridad que Dios le confiere al Pastor. Cierto es que algunos pastores abusan del poder, y lejos de ser bendición para la Iglesia, la afectan y lastiman de manera sensible.
La Biblia dice:
“3Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.” (1 Timoteo 6:3-6)

Por ello es importante que cada cual se alimente de la Palabra de Dios y pueda con ellos detectar este tipo de actitudes.

Un buen Pastor cuida la vida espiritual de la Grey y se ocupa en su crecimiento. Cuando se ministra la sana doctrina y se guía a la Iglesia a la meditación y reflexión de las Escrituras, se tiene el suficiente conocimiento espiritual para discernir la calidad espiritual del Pastor, de tal manera que la misma congregación “pastoree” a su Pastor a efecto de determinar a tiempo cualquier desviación en la doctrina que a la postre afecte a la Iglesia.

Cuando el Pastor es un verdadero siervo de Dios, la Iglesia debe someterse tal y como lo instruye la Escritura:

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. (Hebreos 13:17)

Es pues nuestra responsabilidad como miembros de la Iglesia de Dios, velar por nuestros pastores y sus familias coadyuvando en su ministerio para beneficio espiritual de la Grey.

2 comentarios:

Erick Otero dijo...

muy buen sermón!!!

Isau Orellana dijo...

Saludos y bendiciones amado hno.

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